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martes, 19 de marzo de 2013

Crema catalana, "mató de monja" y San José




El dia 19 de Marzo, San José siempre ha sido una gran fiesta en Cataluña. La tradición mandaba realizar una buena comida que era como un oasis en medio de la Cuaresma. A pesar de las leyes eclesiásticas, las familias dejaban los ayunos y las abstinencias, y era costumbre este día  preparar una buena "olla de las cuatro órdenes mendicantes", es decir un caldo que contenía además de las verduras, carne de ternera, cordero, cerdo y gallina. Esta sopa se preparaba sólo en fechas muy especiales, como podía ser el Día de navidad o el día del santo del dueño de la casa.
Hasta hace relativamente poco, en los hogares catalanes era costumbre colgar en los comedores de las casas, una estampa de la Cuaresma que recordaba el espíritu de abstinencia de estos días. El día de San José,  se acostumbraba taparla con un paño,  o se retiraba y se guardaba hasta el día siguiente.
crema-catalanaJunto con la crema catalana, o crema de San José, otro de los dulces típicos de este día era el requesón. Según Joan Amades, a principios del siglo XIX, durante el día de San José había por las calles de Barcelona y otras ciudades, puestos que vendían requesón.
Tanto la Crema como el Requesón,  son productos elaborados a base de leche, y parece ser que el origen de esta tradición viene de antes del cristianismo. En esta época del año el ganado empezaba a criar y la abundancia de leche permitía preparar cremas, requesones, quesos ... etc. Algunos de estos productos se utilizaban, entonces, como ofrendas a las divinidades, que luego el cristianismo borró o adoptó.
Otra de las tradiciones barcelonesas, el día de San José, era pasear hasta Pedralbes,  donde la gente podía merendar el “mató” de Pedralbes o de monja. Esta preparación se llamaba "mató" por su textura y venía a ser una especie de “menjar blanc” (manjar blanco), con azafrán, que le daba un color amarillento.
mato-de-monjaJoan Amades en su “Costumari Catalá”, nos dice que la creadora de este requesón fue una monja barcelonesa que se llamaba Antonia Carrió. Esta monja, que gozaba de fama de preparar unos “matons” excepcionales, dio su secreto al hortalano del convento,  que poco tiempo después comenzó a hacer “matons”, abriendo cerca del convento de Pedralbes un establecimiento con el nombre de su mujer. Ca la Serafina se convirtió por los barceloneses, en un lugar de peregrinaje, el día de San José, debido a la calidad de su "mató de monja".
La Crema de San José, en cambio, parece que viene de muy lejos, los romanos ya hacían una especie de crema con leche, huevos y miel, ingredientes que también encontramos frecuentemente en la cocina judía y árabe. En Cataluña la tradición de este plato se pierde en las tinieblas del tiempo.
La Crema Catalana a diferencia de otras cremas como la Crème brûlée, francesa, lleva leche en lugar de nata, no se cuece al baño maría, se espesa con almidón y se aromatiza con canela y cáscara de limón, nunca con vainilla. La crema,  una vez preparada se deja enfriar, habitualmente se prepara el dia anterior, y se quema justo antes de servir. El contraste de la crema, fría y suave, con la dulzura y el crujiente del azúcar quemado, aunque un poco caliente, hace que este plato sea una de las grandes maravillas de la cocina catalana.
Se suele acompañar con bizcochos, “pa de pessic”,  o galletas.

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